Esta novela cuenta la historia de la familia Hulot, compuesta por los barones de Hulot, los hijos de éstos y la prima de la baronesa, Lisbeth, una mujer aparentemente angelical pero con mucho que esconder.
Los enredos, malentendidos, venganzas y tretas se suceden sin cesar a lo largo de sus más de 500 páginas, acompañadas de algunos capítulos descriptivos y de carácter moralizante por parte de Balzac.
Se trata de una novela increíble en la que, si bien tanto personajes como tramas responden con perfección al momento en que fue escrita, extrapolándola a la época actual, representa un cuadro perfecto de la maldad, el rencor, la venganza, la envidia y la vanidad hasta límites inospechados.
El estilo, si bien en algunos momentos puede resultar más "sermoneante" que narrativo, es perfecto, imprimiendo el ritmo justo en todos los momentos, acelerando la montaña rusa que supone esta novela para detenerla bruscamente al cabo de unas páginas, sólo para permitir de nuevo coger el ritmo vertiginoso de la misma. Todos los ambientes y las descripciones del París de la época son exquisitos y transportan perfectamente al lector.
Los personajes son ideales cada uno en su papel. En muchos casos representan los polos opuestos de una misma sociedad, la virtud vs. el vicio, la educación vs. la ignorancia... pero todos interpretan su papel a la perfección. Los malos no resultarían tan malos ni tan pérfidos de no encontrarse enfrente de héroes decididos a sucumbir antes a la muerte que a cualquier muestra que se separe del camino de la rectitud.
En resumen, una novela deliciosa, un cuadro de costumbres de la época, que nos acerca al París de mediados del siglo XIX, pero también al alma del ser humano.

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